09 abril 2026
Para graficar un poco más esta cuestión: ¿Las falsas denuncias son una realidad? Muy relativamente. Aproximadamente entre el 1 y el 3% de las denuncias por violencia de género son falsas. El 99% restante encuentra todo tipo de impedimentos burocráticos y estigmatizantes que lo que en general logran es que las denuncias caigan por agotamiento y desesperanza en encontrar una solución positiva.
Menos del 20% de los femicidios tuvieron denuncias previas por parte de sus víctimas. ¿Qué quiere decir esto? Que ya de por si la justicia es un lugar hostil e inaccesible para la enorme mayoría de las mujeres que sufren violencia de género.
El rol del Estado.
Ya prácticamente no existen políticas públicas destinadas a mejorar las condiciones de vida de quienes sufren violencia por razones de género. Nos encontramos tal vez en el mayor retroceso de la historia respecto a esta problemática. La misoginia, homofobia y transfobia manifiesta del gobierno deja a las claras esta realidad.
¿Qué sentido tiene entonces endurecer las penas (que vale la pena aclarar, ya existen) ante una falsa denuncia?: Proteger a los violentos y aumentar aún más las dificultades de una población que ya de por sí se encuentra vulnerada en el acceso a la justicia.
Es disciplinamiento. Es instalar miedo donde ya hay silencio, es desalentar la denuncia donde ya reina la desprotección.
No se trata de corregir un problema marginal, sino de reforzar un sistema que llega tarde -o no llega- cuando la violencia es real. Y en ese escenario, cada obstáculo nuevo no es neutral: es complicidad.
Ni una menos. Vivas y libres nos queremos.