Nuevo Régimen Penal Juvenil

18 febrero 2026

Nuevo Régimen Penal Juvenil
   #Actualidad #Niñez

La Cámara de Diputados dio media sanción al nuevo Régimen Penal Juvenil, una reforma que baja la edad de punibilidad a los 14 años y amplía de manera significativa la intervención del sistema penal sobre adolescentes.

El proyecto se presenta como una actualización de la vieja Ley 22.278 e incorpora en su redacción principios de la Convención sobre los Derechos del Niño, especialización judicial y medidas socioeducativas. Sin embargo, detrás de ese lenguaje formalmente garantista, se consolida una expansión concreta del poder punitivo y coercitivo  del Estado.

Bajar la edad, ampliar el castigo

Reducir la edad de punibilidad de 16 a 14 años implica incorporar al sistema penal a adolescentes cada vez más jóvenes, en su enorme mayoría provenientes de sectores populares atravesados por trayectorias de exclusión, pobreza estructural y ausencia estatal previa.

El proyecto habilita penas de hasta 15 años de prisión y prevé que, al cumplir los 18 años, los jóvenes puedan ser trasladados a cárceles comunes. Aunque se prohíbe la prisión perpetua, atravesar la adolescencia y la primera juventud en encierro constituye un endurecimiento real del paradigma penal.

En lugar de preguntarse por qué el Estado no llegó antes con políticas públicas integrales, la respuesta elegida es ampliar la capacidad de castigo.

Reinserción sin presupuesto es discurso vacío

La iniciativa menciona la resocialización y el acompañamiento integral, pero no establece con claridad una ampliación presupuestaria estructural que garantice equipos interdisciplinarios suficientes, infraestructura adecuada ni dispositivos sólidos de egreso.

Sin inversión concreta en educación, salud mental, formación laboral y acompañamiento territorial, la reinserción corre el riesgo de convertirse en una fórmula declarativa sin sustento material.

En un país donde el 67% de los niños, niñas y adolescentes viven en situación de pobreza, ampliar el régimen penal no puede ser leído como una política de seguridad eficaz, sino como una forma de administrar la desigualdad.

Estado social o Estado penal

El debate que abre esta media sanción no es solo jurídico, es profundamente político: ¿qué tipo de Estado queremos?

Uno que llegue primero con escuela, salud, trabajo y comunidad.
 O uno que amplíe su capacidad de encierro cuando todo lo anterior falló.

Bajar la edad de punibilidad no resuelve la exclusión. La institucionaliza.
 No fortalece derechos. Los restringe.
 No construye comunidad. Consolida cárceles.

Alternativas reales frente al paradigma del encierro

Desde el Área de Niñez de ATE Capital impulsamos propuestas concretas para fortalecer un enfoque de protección integral y pensar alternativas reales a la cárcel:

·         Legislar protocolos de intervención con adolescentes no punibles, evitando la criminalización y la revictimización, promoviendo la responsabilidad y la reparación del daño sin ingreso al circuito penal.

·         Regular plataformas de juego y billeteras virtuales, garantizando su uso responsable y protegiendo la integridad física y mental de niños, niñas y adolescentes frente a nuevas formas de captación y vulnerabilidad digital.

·         Jerarquizar a las y los trabajadores de la niñez, con reglamentación propia, salarios acordes a la complejidad de la tarea y condiciones laborales que cuiden la salud mental. No hay política pública sin trabajadores reconocidos y fortalecidos.

·         Crear programas de protección y acompañamiento para adolescentes no punibles en conflicto con la ley penal, con presupuesto real, recursos y equipos capacitados. La privación de libertad es más costosa —económica y socialmente— que las políticas de prevención y cuidado.

·         Implementar un Plan Nacional de Prevención del Suicidio Adolescente, eliminando estigmas en torno a la salud mental y capacitando a trabajadores de salud, niñez y educación en prevención y primeros auxilios psicológicos.

El problema no es la falta de castigo, sino la ausencia de políticas públicas integrales y sostenidas. 

Necesitamos un Estado que construya comunidad y oportunidades, no más cárceles. La seguridad se construye con justicia social, sin trabajo y sin derechos no hay futuro.