04 marzo 2026
Luego de las desapariciones y del impedimento de seguir sumando imágenes al álbum familiar, a partir de la fotografía y el arte se pudo crear ese tiempo imposible, el reencuentro en una nueva foto.
El objetivo principal es seguir ejercitando nuestra memoria ante el nuevo avance de los discursos negacionistas por parte del gobierno nacional. Lucila Quieto, hija de Alberto, padre desaparecido en la última dictadura militar, en busca de su identidad hace lo impensado, recreó imágenes de su padre retratada con ella misma, tarea artística que luego se replicaría con otrxs hijxs. “Pronto, muchxs compañerxs me pedían esas fotos para tenerlas con sus propios viejos lo que me pareció lógico y natural”, explicó en la inauguración.
“Este trabajo se dio en paralelo con los escraches” que fueron clave en esa época. Quieto reflexionó sobre los momentos difíciles de los '90 y principios de los 2000: la impunidad y cruzarse con genocidas en la vida cotidiana. Pero también la energía juvenil y el ejemplo inspirador de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, “mujeres mayores que no paraban pese a todo”. La tarea no fue fácil a los 20 años empezaron a encontrarse, organizarse, salir a la calle, tocar puertas de vecinos, contar sus historias y reconstruir el tejido social para lograr justicia popular ya que no había justicia estatal.
La muestra es un testimonio de continuidad generacional en la lucha: del dolor personal y familiar se pasó a una herramienta colectiva (las fotos/álbumes) para visibilizar la desaparición forzada, reivindicar la lucha y la militancia de lxs 30.000 compañerxs detenidxs-desaparecidxs y sostener la pelea por Memoria, Verdad y Justicia, desde la juventud hasta la adultez, inspiradxs en las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.